La chica se acercó muy despacio al árbol, no quería asustar a quién quiera que se escondía detrás de éste. Al llegar se quedó observándole, era una alma muy transparente de un niño, con unos rizos rubios que se camuflaban muy bien de lejos entre el trigo, tenía unos enormes ojos azules y también poseía unas alas de color blanco:
-¡Hola pequeño! No te asustes -dijo con suavidad intentando que no se volviera a esconder gracias a su transparencia.
El niño la miraba con ojos tristes y ella no sabía por qué. El pequeño se acercó a su pecho y lo señaló:
-He venido a llevármela -dijo con una voz aguda y dulce.
-¿A quién? -preguntó sorprendida.
Nada más decir esto, la princesa empezó a notar como algo salía de sí misma. Poco a poco salían unos brazos de una niña desde su interior, el ente transparente la agarró suavemente de una de las manos ayudándola a salir. La chica no podía creer que de ella saliera una niña increíblemente parecida a sí, era como si estuviera quitándole su alma infantil.
Cuando salió del todo, ambos sonrieron y se alejaron ante la atónita mirada de la princesa.
-¿Qué ha sido eso?
No tardó nada en entenderlo. De repente empezó a sentir como si todo se derrumbara, le dolía el pecho tanto que tuvo que arrodillarse ante el árbol donde antes se había escondido aquel extraño chiquillo. Empezó a respirar fuerte, el dolor cada vez se hacía más agudo, empezó a llorar y a gritar:
-¡POR QUÉ TE LA HAS LLEVADO!
Terminó de echarse en el suelo quedando inconsciente.
Tiempo después.
Se despertó en un bosque muy oscuro, no podía ver casi nada, los árboles la rodeaban, solamente oía el ruido de las hojas al viento y, de vez en cuando, algún que otro ruido de un animal.
Comprendió que esa niña representaba sus más íntimas ilusiones y su capacidad de amar. Se sentía vacía, se sentía perdida, no sabía qué hacer y como salir del bosque:
-Te dije que no podría seguir adelante si no estás, chico dragón.
lunes, 18 de octubre de 2010
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