Y sin darse cuenta se terminó la tableta de chocolate.
Así es todo en la vida, ¿por qué tiene que terminar? ¿por qué tiene que ser todo tan rápido?
Siempre estaba esa tableta en la despensa, nunca la tocó, simplemente estaba. Fue comprando miles de marcas de chocolate, cadbury, nestle, de todo, no le gustaba ninguna, siempre se acababa y siempre le dejaba un mal sabor de boca. Sin querer, un día miró en su despensa cosas optativas al chocolate, no quería probarlo más y de repente se fijo que tenía una tableta ahí, sin marca registrada, estaba envuelto en platina y el brillo plateado le llamo la atención. La probó y le encantó, decidió comérsela con calma, quería saborear cada mordisco, era el mejor chocolate que había probado nunca, pero llegó el último cuadradito, el final, sin darse cuenta. Lo comió como los demás y se dio cuenta de que no habría más chocolate, no sabía la marca que era ni sabía de donde provenía, pero había sido el mejor sabor de su vida.
El amor es así, como una tableta de chocolate sin marca registrada, siempre habrán desamores, siempre, sólo que, por esta vez, será un poco mas bonito que los demás para ella.
Es su punto y final.