Se oían risas de fondo, la princesa disfrazada y el antiguo dragón paseaban mirando puestos en el pueblecillo. En esta semana ella había intentado conocer lo más posible a toda la gente después de un mes y medio encerrada, intentar reconocer lo que había olvidado por completo. De repente miró hacia el frente y creyó reconocer a alguien, un chico, sí, ¡ella lo conocía! Corrió hacia él y se puso a su lado, sonriendo le dijo:
-¡Hola! Creo que te conozco -no recibió respuesta- ¿Hola? -sacudió su mano delante de él pero no la veía -¡Eo! ¿Pero me estás oyendo? ¿Por qué no puedes oirme?
Al ver que no obtenía ninguna respuesta, se adelantó y se puso delante pero, increíblemente, el cuerpo del muchacho traspasó el de ella.
-¡Qué es esto! ¡Eeeeeeeeh! -volvió a adelantarse hasta él - Escucha, no entiendo porque no puedes oirme pero se que te he visto en algún lado, lo se y necesito saber quien eres, de qué te conozco, qué fuiste en mi vida, por favor, escúchame...
En ese momento el chico se paró y miró a su alrededor.
-¿Me has oído? -Nada más decir esto, él se encogió de hombros y siguió caminando, al contrario que la princesa, se quedó parada mirando como ese chico se alejaba de ella sin que pudiera hacer nada.
-¿Quién era? -preguntó el antiguo dragón.
-No me escuchaba, no lo entiendo -respondió.
El chico seguía caminando bajo la atenta mirada de la princesa. Ya a lo lejos, vió como este chico intentaba hablar con una chica vestida de azul pero tampoco le escuchaba y también ella le traspasaba como si no le viera, también era invisible.
-¡Qué extraño! -la voz del chico dragón interrumpió el silencio.
-Cada vez lo entiendo menos, créeme -Siguieron caminando, esta vez en sentido contrario a aquellas personas, hasta que de pronto, la princesa se paró en seco:
-¡Ahora lo entiendo! ¡Es él! ¡Por eso no me oía!
-¿Quién?
-Una persona para la cual, desgraciadamente, siempre seré invisible, pero ¿sabes? creo que así es mejor.
-Espero que no sea peor el remedio que la enfermedad, pequeña.
-No lo será, es pasado, amigo, pasado -sonrió.
lunes, 19 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
Escape
Como todos los días, la princesa miraba por la ventana del alto castillo que el dragón vigilaba. Ya habían pasado un mes y once días desde que se encontraron aquella noche oscura en las calles de la ciudad, aquella noche en la que prometió protegerla, aquella noche en la que empezaría su largo camino hasta la seguridad y felicidad. Largos cuarenta y dos días que, a la espera de una felicidad, solo traían soledad.
Un buen día, se le pasó por la mente a la pequeña princesa "¿por qué no salir?", el hecho de que la proteja no tiene porqué cambiar fuera de palacio. Ella se levantó un día, se miró al espejo y frente al antiguo aspecto de una adolescente que recién entra en esta época, estaba el de una chica de cerca de unos veinte años, ¿qué ha pasado? Era la hora, era la hora de abandonar los cuentos de hadas, los cuentos en donde un dragón protege a la princesa y donde un príncipe bueno acude a su rescate. Después de ver el gran cambio, se asomó a la ventana y gritó:
-¡Es hora! ¡Dragón, vámonos, abandonemos este solitario castillo, abandonemos esta rutina, aventuremonos en una vida diferente!
-¿Perdón, princesa? -preguntó sorprendido éste.
Seguidamente la chica buscó en su armario unas prendas de campesina y se quitó la corona plateada que adornaba su larga melena castaña. Encontró un traje azul con un delantal y se lo puso, se soltó el pelo, lo peinó y bajó rápidamente las escaleras. Al salir se encontró con la cara sorprendida del dragón:
-¿Echabas de menos tu cuerpo humano? -lo tocó y en un momento se volvió a convertir en el muchacho que era antes de convertirse en el gran dragón.
-¿Y esto?
-Esto no es todo, vámonos, tenemos mucho mundo que descubrir -le agarró de la mano y andaron juntos hacía el pueblo- Encerrarme no me va a ayudar, ¿qué te parece si conocemos un poco cómo están las cosas por aquí?
-Creo que es la mejor desición que ha tomado.
-Trátame de tú y por cierto, creo que no va a hacer falta que me protejas demasiado, de las caídas aprendemos ¿no?
-S-sí.
Caminaron un buen rato hasta que se encontraron a la entrada del pueblo. Se paró la princesa y seguidamente él. Ella se quedó pensando en el sitio, lo miró y dijo:
-¿Cuál es tu nombre?
-No tengo.
Tanto tiempo con él y nunca le había preguntado su nombre.
-Pues cuando quieras, puedes ponértelo -sonrió y emprendieron de nuevo la andanza adentrándose en el pueblo.
Un buen día, se le pasó por la mente a la pequeña princesa "¿por qué no salir?", el hecho de que la proteja no tiene porqué cambiar fuera de palacio. Ella se levantó un día, se miró al espejo y frente al antiguo aspecto de una adolescente que recién entra en esta época, estaba el de una chica de cerca de unos veinte años, ¿qué ha pasado? Era la hora, era la hora de abandonar los cuentos de hadas, los cuentos en donde un dragón protege a la princesa y donde un príncipe bueno acude a su rescate. Después de ver el gran cambio, se asomó a la ventana y gritó:
-¡Es hora! ¡Dragón, vámonos, abandonemos este solitario castillo, abandonemos esta rutina, aventuremonos en una vida diferente!
-¿Perdón, princesa? -preguntó sorprendido éste.
Seguidamente la chica buscó en su armario unas prendas de campesina y se quitó la corona plateada que adornaba su larga melena castaña. Encontró un traje azul con un delantal y se lo puso, se soltó el pelo, lo peinó y bajó rápidamente las escaleras. Al salir se encontró con la cara sorprendida del dragón:
-¿Echabas de menos tu cuerpo humano? -lo tocó y en un momento se volvió a convertir en el muchacho que era antes de convertirse en el gran dragón.
-¿Y esto?
-Esto no es todo, vámonos, tenemos mucho mundo que descubrir -le agarró de la mano y andaron juntos hacía el pueblo- Encerrarme no me va a ayudar, ¿qué te parece si conocemos un poco cómo están las cosas por aquí?
-Creo que es la mejor desición que ha tomado.
-Trátame de tú y por cierto, creo que no va a hacer falta que me protejas demasiado, de las caídas aprendemos ¿no?
-S-sí.
Caminaron un buen rato hasta que se encontraron a la entrada del pueblo. Se paró la princesa y seguidamente él. Ella se quedó pensando en el sitio, lo miró y dijo:
-¿Cuál es tu nombre?
-No tengo.
Tanto tiempo con él y nunca le había preguntado su nombre.
-Pues cuando quieras, puedes ponértelo -sonrió y emprendieron de nuevo la andanza adentrándose en el pueblo.
miércoles, 7 de abril de 2010
Dulce despertar.
Por una vez la princesa se atrevió a pasear por los jardines del castillo. Las flores eran preciosas, la primavera se daba a conocer en cada rincón del jardín y los árboles proyectaban una sombra que hacían del paisaje algo maravilloso. En medio había un banco, debajo de una de las sombras de dichos árboles y había alguien sentado "¿quién sería?" se preguntó a sí misma. Era la primera vez en tanto tiempo que alguien la vería, no quería por una parte, por otra deseaba saber quien era aquel muchacho que estaba sentado allí. Dió media vuelta y se dispuso a volver al castillo pero Él se percató de que había alguien además de su persona y se giró para descubrirlo:
- ¿Hola? Estaba aquí...
La princesa se dió la vuelta, era Él, uno de aquellos que habían osado entrar en su corazón con un pequeño permiso y excediéndose de sus derechos.
- ¿Ha venido para qué? -Preguntó un poco enfadada.
- Me apetecía saber cómo estaba, ¿puedo pedirle que me acompañe a dar un paseo por este lindo jardín? -Sonrió.
Ella no se movió de su sitio, estaba pensando si ir o no ir, ¿cómo después de tanto tiempo quiere venir? Antes de que pudiera hacer nada Él la agarró del brazo y empezaron a correr por el jardín.
Ella estaba feliz. Ella sonreía. Ella le miraba con cara enamorada. Ella soñaba con hacer esto cada minuto de su vida. Ella se despreocupaba del pasado. Ella quería abrazarlo. Ella quería acariciarlo. Ella quería besarlo.
ELLA DESPERTÓ.
-¡Dragón!
El dragón se giró rapidamente al oir el grito de su princesa.
-No dejes que nadie se acerque, nadie, por favor, nadie.
-¿Ha tenido un mal sueño? -preguntó el dragón.
-No... -entró y se acostó en su cama- Ha sido el mejor de mi vida.
- ¿Hola? Estaba aquí...
La princesa se dió la vuelta, era Él, uno de aquellos que habían osado entrar en su corazón con un pequeño permiso y excediéndose de sus derechos.
- ¿Ha venido para qué? -Preguntó un poco enfadada.
- Me apetecía saber cómo estaba, ¿puedo pedirle que me acompañe a dar un paseo por este lindo jardín? -Sonrió.
Ella no se movió de su sitio, estaba pensando si ir o no ir, ¿cómo después de tanto tiempo quiere venir? Antes de que pudiera hacer nada Él la agarró del brazo y empezaron a correr por el jardín.
Ella estaba feliz. Ella sonreía. Ella le miraba con cara enamorada. Ella soñaba con hacer esto cada minuto de su vida. Ella se despreocupaba del pasado. Ella quería abrazarlo. Ella quería acariciarlo. Ella quería besarlo.
ELLA DESPERTÓ.
-¡Dragón!
El dragón se giró rapidamente al oir el grito de su princesa.
-No dejes que nadie se acerque, nadie, por favor, nadie.
-¿Ha tenido un mal sueño? -preguntó el dragón.
-No... -entró y se acostó en su cama- Ha sido el mejor de mi vida.
domingo, 4 de abril de 2010
Un mes junto a ella...
Hace un mes que no dejo que nadie se acerque a mi pequeña princesa, he de decir que la veo asomada en esa ventanilla sin decir nada, mirando al infinito cada día, sin moverse. Me pregunto cómo estará.
Hace un mes que él no deja que nadie se acerque a mi, no hago más que mirar por esta ventana sin gesticular, solamente me aparto de ella para dormir. Al mirar al cielo pienso ¿alguien vendrá?
He intentado hablar con ella pero no me mira cuando lo hago ¿se habrá enfadado conmigo?
Ha intentado hablar conmigo pero yo no quiero hablar con nadie, espero que no piense que le odio o cualquier cosa, realmente él me ha salvado de esos malvados hombres que se aprovechan de mi... le estaré eternamnte agradecida.
Unos cuantos días en este mes ha entrado al castillo y no la he vuelto a ver hasta dos o tres días después, eso me preocupa.
Alguna que otra vez me he sentido débil y he tenido que entrar para que no me vea llorar, tengo que aparentar ser fuerte, si yo lo soy, él lo será.
¿Se sentirá sola? Eso explicaría sus ausencias durante días. ¿Por qué no sale? ¿Por qué no habla? ¿Por qué no explora el mundo? Es verdad que yo la estoy protegiendo, pero salir no es malo, conocer gente no es malo, lo malo es que intenten llevarse su corazón.
Me siento sola cuando me ausento, a veces pienso que nadie jamás vendrá a buscarme y yo no quiero salir de aquí, yo no quiero buscar, yo no quiero que nadie me haga daño, si salgo de aquí estaré vulnerable a todos aquellos que quieran hacerlo.
Un día de estos me atreveré a hablarle y a intentar que salga, quiero verla sonreír de corazón y por más que lo intento nunca lo consigo.
Yo agradezco el esfuerzo que está haciendo... pero hasta que no venga el adecuado no quiero que nadie me vea, no quiero que me hagan daño.
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