-¡Ándate! Vas a llegar tarde ¿sabes?
-¡Ya voy mamá!
-¡Las ocho!
-¡E-e-enseguida bajo! -Me apresuré todo lo que pude y bajé las escaleras, mis padres estaban esperando en el rellano para darme los últimos retoques a pesar de que ya tengo edad.
-¡Pásalo bien! Espero que todo vaya según lo planeado, hijo -dijo mi padre.
Sonreí y salí dejando la puerta abierta así que la cerraron ellos. Solo tenía que recorrer un par de calles para llegar a su casa, estaba ansioso por llegar y verla de nuevo, aunque nos habíamos separado un par de horas parecían años.
Casa número 15. Aquí está. Toqué la puerta y esperé que me abriera. Estaba preciosa, se había recogido el pelo en un moño pero se había dejado algunos mechones de los lados por fuera, tenía un precioso vestido azul, unos guantes que le llegaban al antebrazo blancos y unos zapatos de tacón blancos, lo que la hacía un poco más alta y ya casi llegaba a mi estatura, si antes pensaba que la quería ahora creo que eso ha superado los límites. Hice una reverencia y con su delicada mano me levantó la cabeza:
-¿Cuándo has hecho eso? -sonrió.
-Ahora eres una auténtica princesa -dije.
Volvió a sonreir y agarré suavemente su mano para salir. Esa noche el cielo estaba tan despejado que se podían ver todas y cada una de las estrellas que lo llenaban, el pueblo estaba repleto de luces de colores y las avenidas estaban llenas de puestos. Caminamos y caminamos hasta llegar al mirador para poder observar mejor las estrellas que adornaban la bóveda celestial.
-Señorita, ¿me permite este baile? -dije poniéndome una mano en el pecho y la otra estirada mientras hacía de nuevo una reverencia.
-Pero... si no suena música, bobo -se rió.
-Entonces -subí la cabeza- dime una manera de poder acercarme a ti.
-¿Acaso puedes estar aún más cerca? -dijo sonriendo.
Cogí su mano, la puse en mi hombro y agarré la otra. Empecé a tararear una canción cualquiera y comenzamos a bailar lentamente mirándonos a los ojos fijamente:
-Ahora si que no puedo estar más cerca -dije acercándome un poco a su lindo rostro.
-Me siento extraña -paró-. ¿En qué momento llegamos a ser esto?
-No lo sé y tampoco me arrepiento... la verdad es que yo...
-¡Despierta dormilón! -Una voz resonaba en mi cabeza así que abrí los ojos- Menos mal, aún tenemos que preparar el desayuno para ir al pueblo a comprar las cosas, la nevera esta muy vacía, suerte que aún queda leche.
-Bu-bu-buenos días princesa -dije.
-¡Buenos días!
Era un sueño. En verdad, preferiría que fuera así, me encanta verla desde este ángulo, protegerla desde mi posición, ser su amigo me llena. Gracias por dejarme acompañarte en tu camino, princesa.