domingo, 16 de mayo de 2010

Comprendido

-¡Ándate! Vas a llegar tarde ¿sabes?
-¡Ya voy mamá!
Esa noche eran las fiestas del pueblo y había quedado con ella, como siempre. Cuando empezé a protegerla descubrí que para cada persona existe alguien predestinado, pero esto es algo distinto, no estoy hablando de amor... creo.

-¡Las ocho!
-¡E-e-enseguida bajo! -Me apresuré todo lo que pude y bajé las escaleras, mis padres estaban esperando en el rellano para darme los últimos retoques a pesar de que ya tengo edad.
-¡Pásalo bien! Espero que todo vaya según lo planeado, hijo -dijo mi padre.
Sonreí y salí dejando la puerta abierta así que la cerraron ellos. Solo tenía que recorrer un par de calles para llegar a su casa, estaba ansioso por llegar y verla de nuevo, aunque nos habíamos separado un par de horas parecían años. 
Casa número 15. Aquí está. Toqué la puerta y esperé que me abriera. Estaba preciosa, se había recogido el pelo en un moño pero se había dejado algunos mechones de los lados por fuera, tenía un precioso vestido azul, unos guantes que le llegaban al antebrazo blancos y unos zapatos de tacón blancos, lo que la hacía un poco más alta y ya casi llegaba a mi estatura, si antes pensaba que la quería ahora creo que eso ha superado los límites. Hice una reverencia y con su delicada mano me levantó la cabeza:
-¿Cuándo has hecho eso? -sonrió.
-Ahora eres una auténtica princesa -dije.
Volvió a sonreir y agarré suavemente su mano para salir. Esa noche el cielo estaba tan despejado que se podían ver todas y cada una de las estrellas que lo llenaban, el pueblo estaba repleto de luces de colores y las avenidas estaban llenas de puestos. Caminamos y caminamos hasta llegar al mirador para poder observar mejor las estrellas que adornaban la bóveda celestial.
-Señorita, ¿me permite este baile? -dije poniéndome una mano en el pecho y la otra estirada mientras hacía de nuevo una reverencia.
-Pero... si no suena música, bobo -se rió.
-Entonces -subí la cabeza- dime una manera de poder acercarme a ti.
-¿Acaso puedes estar aún más cerca? -dijo sonriendo.
Cogí su mano, la puse en mi hombro y agarré la otra. Empecé a tararear una canción cualquiera y comenzamos a bailar lentamente mirándonos a los ojos fijamente:
-Ahora si que no puedo estar más cerca -dije acercándome un poco a su lindo rostro.
-Me siento extraña -paró-. ¿En qué momento llegamos a ser esto?
-No lo sé y tampoco me arrepiento... la verdad es que yo...


-¡Despierta dormilón! -Una voz resonaba en mi cabeza así que abrí los ojos- Menos mal, aún tenemos que preparar el desayuno para ir al pueblo a comprar las cosas, la nevera esta muy vacía, suerte que aún queda leche.
-Bu-bu-buenos días princesa -dije.
-¡Buenos días! 
Era un sueño. En verdad, preferiría que fuera así, me encanta verla desde este ángulo, protegerla desde mi posición, ser su amigo me llena. Gracias por dejarme acompañarte en tu camino, princesa.

martes, 4 de mayo de 2010

Visión distorsionada... Comparación instantánea

Despertó en un lugar desconocido para ella, los edificios eran del siglo XXI y no eran las casuchas a las que estaba acostumbrada, le sorprendía ver a las chicas con pantalones y enseñando más de lo que debían, era una época en la que, para sorpresa de la princesa, ya había estado. Todo esto le empezó a resultar familiar pero, aún así, era incapaz de recordar cuándo y porqué había estado en este lugar. No todo quedaba aquí, caminando por las calles vió en un escaparate su reflejo, no lo podía creer: sus ropas estaban destrozadas y sucias, se percató de que estaba descalza y su precioso pelo se había convertido en un enredo de hilos que salían de su cabeza. Aún así, cuando ella se miraba fuera de su reflejo veía un vestido azul que destacaba su largo cabello liso y tenía unos bonitos zapatos que parecían recién comprados. 
La gente la miraba raro y se alejaban de ella así que supuso que la imagen que ellos veían era la del reflejo de aquel escaparate de la tienda de electrodomésticos. Siguió caminando ante la atónita mirada de los ciudadanos de aquel lugar, buscaba a su protector, al chico dragón. Mientras avanzaba los flashback empezaron a llegar a su mente y recordó porqué había estado en estas calles: el día 2 de marzo de ese mismo año estaba buscando su corazón en esta misma avenida. Se paró de repente y reflexionó... quien había recuperado su corazón era una chica, entonces ¿por qué era un chico ahora? Esa pregunta apareció en su mente y no enconraba una respuesta lógica que la respondiera.
Las personas pasaban a su alrededor incluso algunos le llegaban a tirar monedas pensando que era una mendiga. Poco después de pararse alguien familiar pasó por su lado así que empezó a caminar detrás de él sin que éste se diera cuenta Llegaron a un callejón sin salida y el chico se giró para comprobar que aquella sensación de que alguien le perseguía era cierta:
- Lo sabía ¿Qué quieres? No tengo mucho tiempo ¿Necesitas dinero? -diciendo esto sacó la cartera.
-¡No! -Gritó la chica. Nada más decir esto aquel muchacho guardó su cartera. La princesa se acercó a él y empezó a recordar quién era: el chico con el que había soñado en su estancia en el castillo, el chico que la había ignorado en el pueblo y el chico que aún ocupaba gran parte de su corazón. Ahora era su oportunidad, ahora podía verla, ahora podría decirle toda la verdad, ahora podía ser fiel a su corazón y decir lo que su órgano vital estaba pidiendo a gritos:
-¿Te conozco? -preguntó él.
-Sí, me conoces, al menos eso creo... Hace tiempo que te apareces ante mí en sueños pero no eres capaz de escucharme y no entiendo el por qué. Igualmente necesitaba verte y decirte que te quiero, yo lo siento así, necesitaba decírtelo para poder seguir.
Esperando otro tipo de respuesta, el chico se encogió de hombros e, ignorando las frases de ella, salió del callejón. La princesa bajó la cabeza, no daba crédito a lo que estaba pasando... ¿alguien es capaz de pasar de esta manera de una declaración? Levantó la cabeza y , para su sorpresa, un ente transparente se apareció ante ella, era igual que el chico que había escapado anteriormente de ese callejón.
-Lo siento, se quien eres, te recuerdo perfectamente pero, desgraciadamente, ya no existo. Por tu bien olvídale, ya no soy él, esa persona de la que tu te has enamorado soy yo, no él. Sigue adelante, no me sigas buscando donde no estoy. Pertenezco al pasado y ahí es donde debo estar para ti, ¿lo entiendes?
Ella se adelantó varios pasos e intentó tocarle la mano que anteriormente él había extendido pero se fue desvaneciendo hasta solo quedar ella y el callejón. Su corazón salió de su pecho y se alzó hacia el cielo intentando perseguir a aquel ente mientras ella lloraba sin poder hacer nada.
Ahora lo entendía todo, esa sensación le era familiar, sus ropas empezaron a transformarse y a dejar de ser solo aquel reflejo, ahora verdaderamente llevaba esos harapos que representaban su malestar y su dolor ante aquella realidad.

...Mientras en el castillo...
-El veneno deberia de dejar de hacer efecto pronto, el tendero ha dicho que no es tan grave. Tal y como te prometí aquí tienes una flor por este día, mañana intentaré traerte tu preferida ¿de acuerdo? -dijo el chico dragón mientras le acariciaba el pelo.
Poco a poco la princesa abrió los ojos ante la mirada del chico y éste sonrió:
-Buenos días -dijo.
-Buenos días, que bien sienta volver a la realidad -se sentó como pudo y abrazó fuertemente al chico. La sensación de dolor había desaparecido, todo había sido un mal sueño, pero sabía que al final de todo debía olvidar a ese ladrón de corazones y seguir adelante.

domingo, 2 de mayo de 2010

El final inesperado

El chico dragón y la disfrazada princesa caminaban por las calles del pueblucho, hacia tiempo que habían salido de ese castillo y aunque el pueblo quedaba a las afueras de donde estaba situado, si mirabas hacia el este siempre veían la torre de éste alzándose intentando tocar el cielo.
-Muchas veces he pensado en volver ¿sabes? -dijo la princesa.
-¿Por qué? ¿Te has sentido incómoda aquí? -preguntó el chico.
-Sí, muchísimo. Hay veces que creo ver a aquel chico que me ignoró ¿te acuerdas? Otras veces simplemente me apetece estar sola, miles de razones, pero he tenido que seguir, porque sé que ahí dentro no encontraría nada bueno.
-Es normal sentir miedo a veces, princesa, pero si no arriesgas nunca ganarás.
Nada más decir esto, les llamó la atención un cartel que había en una tienda montada por ahí cerca:
"Apueste su vida por la felicidad plena".
-¿Has visto eso? ¿Qué tarado querría arriesgar su vida por una felicidad que ni siquiera se sabe si es real?-comentó el chico.
-¡Probemos! -gritó la princesa y, antes de darse cuenta, ya estaba delante de el tendero charlando con él.
-No lo hagas, es una mentira.
-Bella campesina, tengo aquí tres manzanas, una de ella te dará la eterna felicidad dándote lo que más deseas y las otras dos contienen un veneno, un veneno que te sumiría como la blancanieves en el cuento, pero escúchame hija mía, esta felicidad es real, por mucho que pienses que no -El tendero trataba de convencerla y le empezó a enseñar fotos de gente que había obtenido la felicidad de ese modo.
-Venga, probaré. -dijo ella.
-No, no lo hagas, por favor, no te rindas a este juego, la felicidad se haya esforzándote por ella, no en un juego que ofrece un tendero que encima te dice que si no la consigues morirás.
Ignorando los consejos del chico, la princesa observó las tres manzanas: Una era verde, tenía una pequeña manchita y decidió apartarla, luego vio otra que era roja pero no brillaba tanto como la otra roja que había a su lado, así que cogió la última. 
-Escogeré esa, señor.
-Buena elección -dijo éste.
-¡MALA ELECCIÓN! ¡Suéltala! -pero la pequeña caprichosa cogió la manzana y la mordió. Pasaron varios segundos, segundos angustiantes para el chico dragón que sin duda esperaba que cayera desmayada porque sabía que quien juega con fuego, se quema. Ella lo miró después de un largo silencio y dijo:
-Oye, esta manzana esta... -no le dio tiempo de terminar la frase, se desmayó pero el chico la cogió con tiempo en brazos y se la llevó.
-Por tu bien cierra ese chiringuito porque te juro que como le pase algo a mi princesa las vas a pagar, traidor. -Gritó mientras caminaba con ella en brazos.
Él decidió ir de nuevo al castillo. Tras un largo camino de llegada, subió las escaleras y la depositó en su cama con mucho cuidado:
-Esto pasa cuando ansías la felicidad con toda tu alma, princesa. Yo se que es difícil, que parece que nunca la vas a hallar, pero no hay que rebajarse tanto, bella -mientras decía esto, acariciaba la cara de la chica dormida. La arropó y se quedó agarrándole la mano mientras esperaba que se despertara algún día.

A partir de este día, el tendero que había oido al chico nombrar a la princesa empezó a contar una historia que decía cómo había decidido dejar su empleo, una princesa infeliz había tratado de encontrar una felicidad instantánea pero que cogió la manzana equivocada y que ahora yace dormida en el castillo a las afueras del pueblo.