domingo, 2 de mayo de 2010

El final inesperado

El chico dragón y la disfrazada princesa caminaban por las calles del pueblucho, hacia tiempo que habían salido de ese castillo y aunque el pueblo quedaba a las afueras de donde estaba situado, si mirabas hacia el este siempre veían la torre de éste alzándose intentando tocar el cielo.
-Muchas veces he pensado en volver ¿sabes? -dijo la princesa.
-¿Por qué? ¿Te has sentido incómoda aquí? -preguntó el chico.
-Sí, muchísimo. Hay veces que creo ver a aquel chico que me ignoró ¿te acuerdas? Otras veces simplemente me apetece estar sola, miles de razones, pero he tenido que seguir, porque sé que ahí dentro no encontraría nada bueno.
-Es normal sentir miedo a veces, princesa, pero si no arriesgas nunca ganarás.
Nada más decir esto, les llamó la atención un cartel que había en una tienda montada por ahí cerca:
"Apueste su vida por la felicidad plena".
-¿Has visto eso? ¿Qué tarado querría arriesgar su vida por una felicidad que ni siquiera se sabe si es real?-comentó el chico.
-¡Probemos! -gritó la princesa y, antes de darse cuenta, ya estaba delante de el tendero charlando con él.
-No lo hagas, es una mentira.
-Bella campesina, tengo aquí tres manzanas, una de ella te dará la eterna felicidad dándote lo que más deseas y las otras dos contienen un veneno, un veneno que te sumiría como la blancanieves en el cuento, pero escúchame hija mía, esta felicidad es real, por mucho que pienses que no -El tendero trataba de convencerla y le empezó a enseñar fotos de gente que había obtenido la felicidad de ese modo.
-Venga, probaré. -dijo ella.
-No, no lo hagas, por favor, no te rindas a este juego, la felicidad se haya esforzándote por ella, no en un juego que ofrece un tendero que encima te dice que si no la consigues morirás.
Ignorando los consejos del chico, la princesa observó las tres manzanas: Una era verde, tenía una pequeña manchita y decidió apartarla, luego vio otra que era roja pero no brillaba tanto como la otra roja que había a su lado, así que cogió la última. 
-Escogeré esa, señor.
-Buena elección -dijo éste.
-¡MALA ELECCIÓN! ¡Suéltala! -pero la pequeña caprichosa cogió la manzana y la mordió. Pasaron varios segundos, segundos angustiantes para el chico dragón que sin duda esperaba que cayera desmayada porque sabía que quien juega con fuego, se quema. Ella lo miró después de un largo silencio y dijo:
-Oye, esta manzana esta... -no le dio tiempo de terminar la frase, se desmayó pero el chico la cogió con tiempo en brazos y se la llevó.
-Por tu bien cierra ese chiringuito porque te juro que como le pase algo a mi princesa las vas a pagar, traidor. -Gritó mientras caminaba con ella en brazos.
Él decidió ir de nuevo al castillo. Tras un largo camino de llegada, subió las escaleras y la depositó en su cama con mucho cuidado:
-Esto pasa cuando ansías la felicidad con toda tu alma, princesa. Yo se que es difícil, que parece que nunca la vas a hallar, pero no hay que rebajarse tanto, bella -mientras decía esto, acariciaba la cara de la chica dormida. La arropó y se quedó agarrándole la mano mientras esperaba que se despertara algún día.

A partir de este día, el tendero que había oido al chico nombrar a la princesa empezó a contar una historia que decía cómo había decidido dejar su empleo, una princesa infeliz había tratado de encontrar una felicidad instantánea pero que cogió la manzana equivocada y que ahora yace dormida en el castillo a las afueras del pueblo.

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